Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?

Logo de lacronica.net
El paseante
El mendigo y la Constitución

    

Fachada de la iglesia de San Nicolás, en la plaza del Jardinillo. (Foto: La Crónic@)

Llega el 6 de Diciembre y nuestros políticos se ponen estupendos, afanados en celebrarse a sí mismos bajo el nombre de la Constitución Española. Demuestran ser hábiles a la hora de ignorar que la Carta Magna no es más que un texto, farragoso e inútil si no se aplica. O que de nada sirve abrir los brazos si el que tienes enfrente aprovecha para propinarte un puñetazo en la mandíbula o en el plexo solar en vez de hacer política. Ni justicia, ni concordia, ni acuerdo ni nada más que aguantar con lo que se tiene mientras no haya forma de cambiarlo en paz o sin provocar el final del tinglado que a tantos beneficia.

Los periodistas, más dóciles siempre de lo que su condición exigiría, dedican la jornada a hacerle los coros a los que mandan, como si realmente al personal circulante le interesara ni siquiera un poco el articulado constitucional (o la virginidad de María al concebir a Jesús) salvo por el "puente" que propician cada año las dos festividades, la civil y la religiosa, siempre unidas en España.

Este 6 de diciembre, el mendigo de San Nicolás es nuevo. Se trata de un hombre joven, muy moreno, que lo mismo podría proceder de Egipto que de Irak o de Bangla Desh. Durante un buen rato, intenta en vano que alguna de las parroquianas (la más joven ya no cumplirá los setenta) deje caer alguna moneda en el vaso de plástico mientras el hombre les pide limosna con una jaculatoria ininteligible. A la vista del escaso éxito, mientras empieza la misa, el mendigo se lanza a probar suerte por la Calle Mayor, aun a sabiendas de que los que por allí atraviesan tampoco le harán mucho caso: jubilados que a van a comprar el pan, gordas que corren para dejar de serlo, hijos casados camino de la casa de los padres... Nadie atiende a sus palabras ni a su necesidad.

En España, las cosas van mudando con el paso de los años; todas, menos nuestra Constitución. Y la mantenemos no tanto porque la apreciemos como porque tenemos la certeza de que jamás nos pondremos de acuerdo para cambiarla. 

De todo lo anterior, y créanme que lo escribo sin asomo o pretensión de demagogia, lo más relevante es el mendigo de San Nicolás y su destino. Si, como piden los de VOX, hay que quitarle las ayudas que no recibe. Si, como hacen el resto de los partidos, hay que hacer como si no lo vieras o aprovecharte de él para hacerte pasar por el santo que no eres, dedicándole unas palabras amables pero sin resolver su situación ni la de los 47 millones que, junto con él, por aquí vivimos y deambulamos. Dale de comer Constitución, a ver qué te cuenta.

O a usted.

O a cualquiera.
¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
Otros artículos de El paseante
El domingo más dulce, el lunes más amargo
¿En qué idioma hablamos los españoles cuando hablamos español?
Cuento contemporáneo
Calzoncillos y banderas
Adiós al bar de Manolo
© 2018  |  www.lacronica.net   | Powered by 
Política de cookies  |  Política de privacidad
Ir a la portadaIr a la siguiente noticia